El comercio del mercado es el que hemos conocido ancestralmente. Tras el mostrador están nuestros conocidos, nuestros vecinos y vecinas, familias que mantienen el negocio quizás después de varias generaciones.
Personas que se comunican con sus clientes nombrandoles tal y como se llaman, que se dejan la piel para ofrecer siempre el mejor servicio. El comerciante local sólo vende productos que conoce bien y que además confía en su calidad.
El comerciante de mercado se implica personalmente por explicar los beneficios del producto a sus clientes, asesorando y dedicando atención a cada uno de ellos. Un trato cálido y humano que va de la mano con otro de los valores principales del comercio de proximidad: la confianza mútua. El vínculo entre el cliente y el vendedor es el alctivo de mayor valor. El colectivo de comerciantes se esfuerza para dar siempre el mejor producto según la necesidad del momento y que conocen perfectamente, porque muchos de ellos, como Japet dels Bous, elaboran ellos mismos los productos y se exigen unas características higiénicosanitarias excepcionales y una altíssima calidad.
En el mercado se puede encontrar mucho producto fresco, recién recogido de los huertos próximos, motivo más para ir al mercado. El ciclo de consumo se vuelve más sostenible.
Es en estos momentos de crisis mundial que debemos demostrar con hechos y no con palabras de aquello que siempre nos gusta hablar y saber gozar de los placeres que los productos del mercado nos ofrecen. Volvamos a los orígenes, tan necesarios en esta sociedad que nos toca vivir.